09 mayo 2006

El verano que todos fuimos Peter Parker: La película de Spiderman.

Hoy han hecho Spiderman en la tele. Rescato y arreglo un antiguo artículo que escribí con motivo de su estreno. Y la he vuelto a disfrutar como entonces.

Génesis de la araña.

Era un proyecto soñado por muchos fans, ansiado durante muchos años, con diversas combinaciones de directores, guionistas y actores protagonistas. James Cameron presentó un guión que no gustó a Marvel, así como un protagonista conocido de sus otras peliculas, Michael Biehn, que en realidad ya era un poco mayor en aquel momento, y mucho más ahora. Arnold Schwarzennegger como Veneno, o como Doctor Octopus eran otras ideas que llevan rondando tiempo en el limbo de los rumores. El guión estuvo congelado mucho tiempo, envejeciendo como el buen vino, hasta que tanto los efectos especiales como un buen director que recogiera el “espiritu del cómic” fueran lo suficientemente buenos como para ofrecer ciertas garantías de que fuera un producto digno, bien elaborado, para contentar a los fans de Spiderman y de paso recaudar algunos millones en la taquilla.

Hace un par de años, se dieron unos casos curiosos que volvieron a poner la maquinaria en marcha. Blade, la historia de un cazavampiros negro contada con estética de videoclip, música cañera y espectaculares luchas y efectos especiales, abrió el camino de nuevo (tras la decadencia de los últimos Batman) de las producciones basadas en personajes de cómic. Debido al éxito de Matrix, puro cómic tanto en su origen y referencias como en su resultado final, fue el pistoletazo de salida, el momento crucial donde se dejó bien definido tanto el contenido como la forma de lo que debía ser una película de “superhéroes”. Marvel se decidió a poner en marcha La Patrulla X (X-Men), el buque insignia de su imperio de papel y viñetas. Con una producción algo modesta, comparada con otros blockbusters veraniegos, fue una más que digna adaptación del cómic a la pantalla grande, respetando tanto los orígenes de los personajes como sus motivaciones y complejas personalidades. Por supuesto, 30 años de historia en viñetas no podían ser resumidas en 2 horas, y alguna variación se hizo necesaria. Pero lo que los fans conocemos como “los ideales del Profesor Xavier” se mantuvieron intactos, aportando la película acción y efectos especiales a raudales mientras se nos contaba una interesante y nada superficial historia sobre la tolerancia y el respeto a los que no son como nosotros.

Pero...estoy divagando. A raíz de la película de los X-Men, Marvel empezó a tomarse en serio el hecho de sacar dinero de producciones basadas en sus personajes. Y Spiderman estaba el primero en la lista. Directores como el inicial James Cameron o incluso Tim Burton se barajaron para ponerse tras las cámaras. Pero fue un director de “segunda” quien se llevó el gato, en este caso la araña, al agua: Sam Raimi. Lo de director de segunda no es en absoluto despectivo, sino todo lo contrario. Director de culto, considerado uno de los maestros del género fantástico o el terror, tiene auténticas obras maestras en su filmografía, como la gamberra Evil Dead, la genial El Ejército de las Tinieblas, o esa lección de cine que es Un Plan Sencillo. Raimi es un director que siempre se ha movido en la serie B, con personajes bastante atípicos, antihéroes, fracasados, cínicos...humanos al fín y al cabo. Darkman, por ejemplo, es una de las mejores muestras de cómo sería un héroe de ficción si lo trasladáramos al celuloide. La película tiene todo lo que tiene y debe tener un cómic: un protagonista al que le sucede algo que le cambia la vida, un villano, una motivaciones que hacen que el héroe actúe como tal...y el inevitable enfrentamiento entre ambos. El bien contra el mal, ya sabéis. La partitura oscura y gótica de Danny Elfman, que ya nos ayudó a visualizar la oscuridad del mundo de Batman, fue un magnífico acompañamiento a ese cómic retorcido y visualmente impactante que fue Darkman.

La película toma forma.

Así, el proyecto estaba en marcha. Empezaban las apuestas por ver quien se calzaría las mallas del arácnido. El nombre de Jude Law sonaba como el más firme candidato, pero su inesperada subida de caché, debido a éxitos como El talento de Mr. Ripley o Inteligencia Artificial lo dejaron fuera. Entró así Tobey Maguire, un joven actor que ya destacó por hacer de bicho raro en Jóvenes Prodigiosos, apadrinado por un genial y calmado Michael Douglas. Una vez elegida la chica, una Kirsten Dunst que es una espléndida secundaria pero que estaba muy desaprovechada en películas de consumo adolescente, solo faltaba escoger al villano, pero uno de categoría, y Willem Dafoe fue el encargado de ponerse la máscara del Duende Verde, el villano más significativo de Spiderman.
A partir de aquí, todo el rodaje fue un cúmulo de secretismo, rumores y fotos robadas del set, con accidentes incluidos. Alguna foto se colaba por internet, creando polémicos debates acerca de la elección de los actores, o el vestuario, o incluso el color de pelo de Mary Jane.

Y entonces ocurrió. Con un par de meses de retraso con respecto al estreno americano, llegó a nuestras pantallas Spiderman, el Hombre Araña. Fue un estreno polémico, ya que el atentado terrorista del 11-S obligó a retirar y censurar un espectacular trailer con unas alucinantes imágenes de una gran telaraña entre las dos Torres Gemelas. Pero como ocurre siempre con este tipo de acciones, no hizo sino avivar más aún la curiosidad de la gente por ver la película.

Se estrena Spiderman, la película.

Y ahora, comentaré lo que me pareció la película, e intentare analizarla lo más objetivamente posible, ya que siento una gran devoción por Spiderman y su alter ego, Peter Parker. Para simplicarlo al máximo, diré que la película no defrauda. Más bien todo lo contrario, es un festival de buen cine de aventuras, con unos efectos especiales muy bien dosificados, una lucha entre el bien y el mal muy tópica pero espléndidamente contada, y un elemento que la hace distinta de otros filmes de superhéroes al uso: la especial atención a la persona “humana” que hay tras la máscara, uno de los más importantes factores que han hecho perdurar tanto tiempo al cómic desde su creación en el año 1962.

A estas alturas, el origen de Spiderman ya debe ser algo universal, todo el mundo debería saberlo. Como saber de qué planeta viene Superman, o quién mató a Laura Palmer. Forma parte de la cultura popular de final de siglo y principio de otro. Y si no, aquí llega Sam Raimi para contarlo a la gente que aún no lo conoce. Peter Parker es una persona con la que todos nos hemos identificado alguna vez. Tímido, inseguro con las chicas, y no muy popular en clase, es el prototipo de adolescente medio. Y entonces llega esa araña modificada genéticamente, y lo cambia todo. De la noche a la mañana, Peter sufre ciertos “cambios”: fuerza aumentada, mayor agilidad, un sentido arácnido que le avisa del peligro, y la posibilidad de pegarse a las paredes, así como de generar una sustancia que funciona como telaraña. Aquí vemos uno de los cambios más significativos con respecto al cómic original, ya que esta telaraña Spiderman la disparaba con unos lanzarredes, unos aparatos de su invención. En la película, los lanzarredes son biológicos, dándole cierta lógica a la situación del cambio que sufre Peter Parker, y ahorrando así escenas contando como crea el artilugio que lanza el fluido. Precisamente, fue uno de los detalles que figuraban en el guión original de James Cameron, y que han rescatado tantos años después.

Peter utilizará estas nuevas habilidades para ser más popular en el instituto, así como impresionar a la chica que le gusta, su vecinita Mary Jane. Debido a la falta de dinero, decide acudir enmascarado a un concurso de lucha libre, utilizando sus recién adquiridos poderes para ganar. Cuando va a cobrar el premio, un ladrón se cruza en su camino, y arrogantemente, lo deja escapar, alegando que no era problema suyo. Más tarde, al llegar a su casa, su tío Ben, al que considera como un padre, está muerto. El culpable ha sido un ladrón que se esconde en un almacén. Peter, rabioso, va tras él, y cuando lo tiene acorralado, descubre que es el mismo ladrón que antes dejara escapar. De esta manera, tan casual, y a la vez tan brutal, Peter aprende una gran lección que le hará madurar: Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Son palabras de su querido tío Ben, y definirán al personaje, dándole una madurez y una humanidad impensables para un héroe de ficción, y acercándolo más aún al público lector, que sufre a la vez que Peter las mil decepciones y frustraciones que nos tiene preparadas la vida.

Paralelamente, vemos como comienza la génesis de un mortal enemigo, el Duende Verde. Norman Osborn es un ejecutivo/científico, y como todos los científicos megalómanos, se volverá loco con una de sus creaciones. Convertido en un terrorista volador, dispara el resorte que Peter Parker necesita para ponerse en acción: Hay que detenerlo. Comienza aquí el espectáculo de ver en acción a estos dos seres tan poderosos. Y mientras las acciones del superhéroe nos mantienen fascinados, la vida de la persona tras la máscara se nos hace más amarga, al comprobar la cantidad de problemas que le trae tanto a su vida personal como a las personas queridas ese inesperado poder y esa identidad secreta. La lucha de Peter Parker por ser una persona normal la transmite muy bien la película, fortaleciendo las convicciones de Spiderman como héroe y haciendo madurar y crecer a Peter Parker como persona. A esto ayudan los sentimientos de Mary Jane, que se convierte en una inesperada alma gemela para Parker, dándole mayor seguridad en sí mismo.

El resultado.

Sin duda, es una gran adaptación, que recoge magníficamente todas las raíces del personaje, así como el elemento que lo ha hecho tan especial generación tras generación de lectores: su humanidad.
Y cinematográficamente hablando, hay que decir que ningún otro lo habría sabido hacer mejor. Raimi es especialista en esa estética cartoon, de cómic acelerado, y maneja genialmente la cámara mientras acompañamos a este Hombre Araña durante sus balanceos por la Gran Manzana. Los personajes, algo arquetípicos en un principio, están bien definidos y actúan de manera creíble, gracias a esa humanidad rescatada del cómic. La dualidad de Norman Osborn como el Duende Verde nos recuerda al personaje de Dr. Jekyll y su peligroso amigo Mr. Hyde, y Mary Jane pasa de ser una fría y superficial niña pija a convertirse en una sensible y vulnerable persona necesitada de amor y respeto. Por supuesto, hay diálogos algo pomposos y poco naturales, así como la sempiterna lucha entre el bien y el mal, contada de manera algo lineal y plana... Pero hasta en eso se mantiene fiel al cómic, y no reniega de su función principal, que no es otra que entretener a espectadores/lectores de todas las edades.
Todos hemos querido ser alguna vez Spiderman. Pero aquel verano, todos fuimos Peter Parker.

5 comentarios:

zubiarra dijo...

Coincido con la valoración. Incluso esta mas guapo que tire la tela de araña de forma natural y no que tenga que hacerla en su casa con la termomix. Pero si es un hombre araña tendria que tirar la tela por otro sitio bien distinto a las extremidades superiores no? :D

La Hermandad dijo...

¡¡¡¡Sí señorrrr!!!! Reciclando artículos del Make It So!, eso sí que es innovar...
No esperábamos menos de ti, gañán.

Vuarnet dijo...

Uy!
Pues deberias ver lo que me queda por reciclar!
Estoy pensando si poner el de Los Angeles de Charlie en la seccion "Defendiendo lo indefendible" o en la seccion "Revisando clasicos".
Y el de "La perversion de Hollywood" sobre directores que se han echado a perder necesita una actualizazion...Hay que meter Troya y El dia de Mañana!

Anónimo dijo...

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