
Yo estaré por alli, tomandome una cerveza con quien se quiera apuntar. Nos vemos!
Y también C de Comics, de Cine, T de televisión, F de Fantasía...Mientras queden letras en el abecedario habrán temas que comentar y opiniones que compartir. Comienza el juego!

Cuando la película 300 ya lleva un par de semanas en cartel, arrasando las taquillas en todo el mundo y llenando páginas y páginas de Internet, con debates encendidos en foros y blogs con reseñas para todos los gustos, me toca a mí hablar un poco sobre Frank Miller, su obra en papel y su adaptación al celuloide.
Centrándonos en 300, el propio Miller explica el por qué de origen:
Y eso es lo que se nos muestra. Una introducción brutal, de cómo se entrenan los niños espartanos y cómo creció Leónidas para convertirse en Rey, deja paso al desarrollo principal de la trama. Leónidas es un guerrero, es parco en palabras y arrogante, y así se lo hace saber a Jerjes, arrojando a su mensajero a un pozo sin fondo…Se declara así la guerra entre Esparta y Persia y comienza la Batalla de Las Termópilas, una batalla que será el leit motiv de la película.
Me ha parecido muy acertado el uso del color, con esas texturas que evocan las viñetas del cómic. Para quien no lo haya leído, es cierto que resultará “raro” ver ese efecto en pantalla, pero los fotogramas tienen tanta fuerza que impactan visualmente. Y es toda la película así, un auténtico derroche de imaginería visual y atención a una estética muy cuidada.
Por supuesto, Leónidas es el que se come la pantalla. Su presencia, su porte, su arrogancia…y por supuesto, sus frases molonas y lapidarias quedan muy bien en una película que no pretende otra cosa que entretener de la manera mas “cañera” que Frank Miller conoce tan bien. Y luego están los espartanos. Desde el capitán, que pierde a su hijo en combate y sigue al lado de Leónidas, hasta Dilios, que vuelve a Esparta para contar la historia de lo acontecido en Las Termópilas…todos son soldados, fieles a Leónidas y a Esparta, y lucharán a su lado hasta el final.
Ah. Que también hay que hablar de Jerjes. Bueno, que decir del rey que se cree Dios, que iba arrasando país tras país, civilización tras civilización, con un ejército que hacía retumbar el suelo que pisaba de lo numeroso que era…Pues que lata de doblaje, señores. Miller en el cómic dibuja un Jerjes exagerado, inmenso, inhumano…pero casi caricaturesco e histriónico, como contrapunto a la frialdad de Leónidad. Pero en la película se pierde esa imagen, esa fuerza visual de la viñeta, y vemos a un Jerjes reinona, exagerado, si, pero demasiado amanerado en sus gestos y poses, todo ello empeorado por un doblaje que, ay, causó bastantes carcajadas en el cine. Estoy seguro de que la versión original sonara bastante más “dura”, porque la adaptación al castellano, así como su discutible doblaje con no me han gustado nada. A mucha gente tampoco, como las risas atestiguan. Porque la escena original es épica y molona: 


(Extracto de la entrevista a Frank Miller sacado de la Guía del Cómic, publicado originalmente en U, el hijo de Urich #15 (La Factoría de Ideas, marzo 1999), las fotos son de la imdb y el escaneo de la reinona es de Jotace...)
Los chicos del Comandante Flagg ya no se pelean con los masillas de Cobra/Cupra. Ahora cazan cucarachas de Al-Qaeda!

Otro año más, las Jornadas Unicomic de Alicante calientan motores. Tras un polémico cartel, obra del maestro Corominas, se van cerrando tanto las actividades como la presencia de autores.

Pero lo mejor de la función se lo lleva Nicolas Cage. Ésta es una de esas películas donde no te van a dar un Óscar, y si encima el personaje te permite sobreactuar, pues mejor aún. Así que tenemos una interpretación caricaturesca y exagerada de Cage, que pone caras y muecas a partes iguales, y se permite unos guiños a Elvis que encima se convierten en una seña de iodentidad del personaje: la postura de señalar con el dedo, que muchos les ha parecido ridícula, y a mí me ha encantado, precisamente por ser tan…”de comic”.
Y luego están los efectos especiales. Y ver al Motorista Fantasma desatado mola mucho. Uno de los detalles que más me han llamado la atención es la mezcla de estilos. Así, el “uniforme” del Motorista está basado en el personaje moderno, mientras que la moto estilo chopper es la del Motorista clásico de los comics. El efecto de la calavera llameante es muy chulo, en verdad queda aterrador y es visualmente muy impactante. Mezclado con la estética de motero, cuero y cadenas, es una gozada ver al motorista pasearse por la ciudad dejando una estela de fuego por donde pasa. Hasta calcan de los comics una de las escenas más recordadas, como la persecución de la policía que acaba con una subida vertical por la pared de un edificio. Y en pantalla grande queda francamente bien.
Para acabar, diré que si bien es una película tópica y predecible, con unos malos de pacotilla y un enfrentamiento entre bueno y malo algo típico, me resultó bastante entretenida. Quizás su falta de pretensiones, o su estética macarra y molona, mezclado con un personaje que tiene una fuerza visual muy impactante, me hicieron disfrutar de lo lindo. Aunque quizás su banda sonora, que alternaba los coros épicos de Christopher Young con las canciones rockeras de ZZ Top o Spiderbait (ese Ghost riders in the sky al final queda MUY bien!), así como Sam Elliot (siempre hace el mismo papel, y mola!) haciendo de Carter Slade, el Jinete Fantasma original (guiño al comic que no me esperaba) que le daba al conjunto un aire de peli del Oeste, fueron factores decisivos a la hora de evaluar la película. Y aunque no sea sobresaliente, aprueba con nota en las adaptaciones de comics disfrutables.