Y ahora el Caballero Oscuro ha regresado. Y es la mejor adaptación al cine de un cómic de superhéroes. Christopher Nolan ha hecho El Padrino II de las pelis de superhéroes, al coger todo aquello que funcionó en la primera parte, y multiplicarlo hasta el infinito, quedando una obra redonda, que continúa la anterior de manera magnífica pero teniendo tanta fuerza y coherencia que se puede disfrutar de manera independiente y aún así funciona.
La película comienza justo donde acaba Begins. Batman se ha erigido en defensor y guardián de Gotham, y así se lo hace saber al Teniente Jim Gordon de la policía. Un nuevo criminal ha aparecido, se hace llamar Joker y deja una carta-comodín en cada uno de sus actos, el último es un espectacular atraco donde roba todo el dinero de las familias mafiosas de Gotham. Quiere controlar a todas las familias, quiere matar al murciélago y así sembrar el caos y la locura. Y poco a poco, lo va consiguiendo.
Bruce Wayne, en su identidad civil, está enamorado de Rachel Dawes, ayudante del fiscal del distrito. Y por estar con ella está buscando una excusa para colgar las botas, ya que ser Batman es algo peligroso. Están surgiendo imitadores que actúan como él, al margen de la ley, y hacen que los ciudadanos se planteen si necesitan un “vigilante” que se tome la justicia por su mano, consiguiendo aumentar la ola de crímenes en lugar de disminuirla. Entonces aparece Harvey Dent, el fiscal del distrito, con unos ideales incorruptibles y un impulso para hacer cumplir la ley y el orden en Gotham City. Bruce se plantea si éste “caballero blanco” será el héroe que necesita la ciudad, y no un oscuro enmascarado. Así, se forma un triunvirato con Batman, el Teniente Gordon y Harvey Dent, que poco a poco irán acorralando a todas las familias mafiosas y obligando al Joker a tomar medidas que escapan al control de todos, al resultar tan impredecibles y sádicas como mortales…
Resulta muy difícil no dejarse llevar por el ritmo trepidante y frenético que tiene la película de Nolan. Tras un impactante y espectacular atraco a un banco a manos del Joker y sus secuaces, homenaje directo a Heat y su tiroteo callejero brutal pero elegante, acompañamos a los distintos personajes en diversas historias en varios frentes simultáneos. Christian Bale, en su doble papel de Batman y Bruce Wayne, esta correcto, con algunas escenas muy buenas donde vemos lo difícil que le resulta estar al margen de la ley, y aún así resultar necesario para proteger la ciudad de Gotham. Maggie Gyllenhaal, que sustituye a la sosa Katie Holmes de Begins, añade algún matiz que en la anterior entrega no vimos, y al menos el tema romántico está tratado con algo más de seriedad, resultando menos empalagoso y forzado. Gary Oldman esta impecable como el Teniente Jim Gordon. Realmente, es como si éste actor hubiera nacido para interpretar al personaje, o que los dibujantes del comic se hubieran inspirado en el hace 30 años. Sin estar nada sobreactuado o histriónico como en alguna ocasión, su interpretación es intensa, consiguiendo transmitir toda la fuerza del personaje, resultando el contrapunto equilibrado y “legal” para Batman y sus métodos poco ortodoxos.
Aaron Eckhart, eterno secundario que no había tenido oportunidad de destacar especialmente, es el mejor Harvey Dent que una ciudad oscura y opresiva como Gotham podía tener. En su papel de fiscal del distrito, es el ejemplo vivo del cambio que la ciudad necesita. Sangre nueva, joven, ambicioso, con ideales y un sentido del honor y del deber para con los ciudadanos que asombra al propio Bruce Wayne por lo firme de sus convicciones.
Y luego está el Joker, claro. No hay palabras, o si las hay, me las tendría que comer con patatas acompañadas con cocacola con hielo para tragarme los comentarios, las dudas que tenía hace unos meses con respecto al IMPRESIONANTE trabajo de Heath Ledger. Dejando de lado lo bien que me caía este actor, lo entretenida y emocionante que me resultó Destino de Caballero, o lo serio de su papel en Brokeback Mountain, reconozco que no me gustaba la “pinta” que tenia este Joker. Demasiado realista, demasiado “gótico-punk-venido-a-menos” con la cara pintada para representar al Joker. Pero me siento en la butaca, y su actuación es sobrecogedora. La locura se palpa en cada fotograma, como describía un amigo intentando no destriparme nada de la trama. Es una actuación, repito, soberbia, intensa, pura locura, pura maldad. Batman encuentra su némesis perfecta, y la película tiene un par de buenos guiños a La Broma Asesina o Arkham Asylum, comics de referencia que el propio Ledger usó para “entrar” en el personaje. Historias que hablan de cómo Batman y el Joker son las dos caras de una misma moneda. El uno no puede existir sin el otro. Batman necesita un villano como el Joker para que su existencia tenga sentido, y el Joker simplemente necesita alguien como Batman para perseguirle, porque si no no es divertido. Otro tema es el de la locura. Según el Joker, cualquier persona es capaz de lo peor, de volverse loco, por culpa de “un mal día”, y así intentará demostrárselo a Batman una y otra vez. El terrorífico Joker de Arkham Asylum, por otro lado, intenta convencer de que el sanatorio mental de Gotham es el verdadero “hogar” de Batman. Con los locos, y no el mundo real. Son historias que si se han leído y disfrutado, se pueden percibir en la trama del Caballero Oscuro. Heath Ledger se ha preparado a conciencia para el personaje, y prueba de ello es que coincidió una crisis personal que le hacía tomar antidepresivos con su preparación del personaje, tan intensa y agotadora que requería pastillas para dormir. La combinación de distintos tipos de medicamentos resultó fatal, apareciendo el actor muerto el pasado 22 de Enero. Quien habla de suicidio o de sobredosis de droga, aparte de faltar a la verdad, está faltando a la memoria de este joven actor de 28 años que murió demasiado pronto, con muchas cosas que decir y grandes papeles que interpretar. Todos aplauden su trabajo aquí. No hay morbo por ir a ver al cine a ver a un actor ya fallecido, simplemente interés por una gran actuación. Un Oscar póstumo también sería bien merecido. Como se suele decir, la grandeza de un héroe se mide por la talla de sus enemigos, y en el Caballero Oscuro tanto el Joker como Dos Caras están a la altura, planteando dilemas morales y éticos a toda la ciudad, incluyendo a la policía, el Teniente Gordon…o incluso a Batman.
La dirección de Christopher Nolan es impecable. Dos horas y media de metraje que no se hacen largas en absoluto, con un ritmo que no decae y un tono que se va oscureciendo a cada minuto, haciendo presagiar lo peor para cada uno de los personajes. El tono realista se nota, dándole mayor énfasis a la trama policíaca. Casi parecería “Canción Triste de Gotham City”, si no fuera porque también se han cogido ideas de Gotham Central, el comic que retrata las vidas de la Policía de Gotham mientras Batman aparece casi como secundario…En el caballero Oscuro, el desenlace quizás es demasiado triste, gris o desesperanzador, pero no hace sino engrandecer a un personaje que, lejos de llevar una malla de colores para “luchar contra el mal”, se nos hace más humano y vulnerable, al no tener superpoderes y tener que enfrentarse a toda esa locura y violencia con una imagen oscura y poderosa como es un disfraz de murciélago. Aún así, como parte central de una trilogía que aún ha de cerrarse, este capítulo mejora considerablemente el nivel de la anterior entrega, al ser mucho más valiente en su planteamiento, al desarrollar de manera tan adulta y compleja a sus personajes, y más aún, al elevar el nivel de las películas de superhéroes, consiguiendo que trascienda al propio género superheroico y permita que una historia ficticia de hombres murciélago y payasos psicópatas pueda servir para mostrar las miserias humanas, retratar la ambigüedad moral de cada uno de nosotros, y aún así, mostrar un poco de esperanza por muy oscura que sea la noche. Porque después llega el amanecer.
Lo Mejor: El Joker. Batman. Heath Ledger. Christian Bale. La sorpresa de Dos-Caras, y que funcione. La dirección de Nolan. Lo valiente y maduro de sus planteamientos. La escena del negro en el ferry…
Lo Peor: Tras el atraco, pierde un poco de fuelle, pero luego lo recupera. Quizás un excesivo metraje, pero es necesario para cerrar todas las tramas. Montaje (todavía) un poco confuso en algunas escenas. Morgan Freeman sale poco. Michael Caine sale poco. La música sigue sin tener un leit motiv definitivo.







Fue espectacular. Al verme aparecer así en el colegio todos se revolucionaron, acercándose a mirar de cerca y curiosear acerca de mi indumentaria. Algunos incluso querían que les firmara autógrafos, y los más atrevidos me pedían que les dejara la pistola o el látigo. Habían estado jugando durante meses a un videojuego de un personaje al que no conocían…y de repente Indiana Jones estaba por todas partes. Yo aporté mi granito de arena para que conocieran a uno de los más famosos aventureros, mientras que Antena 3 con las películas antiguas y los medios de comunicación con noticias del nuevo estreno hicieron el resto. Aquel día no me llamaban “profe” o “Antonio”. Me llamaban “Indianajones” o “Indy”…y me hacían sentir muy orgulloso de ellos, al verlos disfrutar de manera tan intensa y sincera. Como unos niños, vamos. Y yo el primero. 


Si pensamos que el origen de Indiana Jones está en novelas del tipo de “Las Minas del Rey Salomón”, en seriales televisivos y radiofónicos de los años 30 y 40 del tipo de Jungle Jim, o en películas como “El Tesoro de Sierra Madre” o sobre todo “El Secreto de los Incas”, con un Charlton Heston que lucía en pleno technicolor su sombrero y chaqueta marrones, podemos ver que las películas de Spielberg recogen todo ese espíritu pulp, de aventuras, de arqueología de tumbas, pirámides, junglas y desiertos…todo ello ambientado en la II Guerra Mundial, con los nazis buscando artefactos místicos que el Führer pueda utilizar para ganar la guerra. Y esto funcionó perfectamente en dos ocasiones (o tres, si al Arca Perdida o La Última Cruzada le añadimos el Atlantis del videojuego), mientras que en el Templo Maldito nos íbamos a la selva donde los malos eran una tribu ancestral con sacrificios rituales. Pero si en los años 30 y 40 triunfaban el western, la jungla o las historias pulp de algunos héroes, en la década de los años 50 y 60 la sociedad (norte)americana había cambiado y pedía otros temas más actuales. Espías, policías, guerra fría, ovnis, monstruos atómicos…Así que es normal, o aún mas, diría que es hasta lógico que si han pasado 20 años desde la II Guerra Mundial…Indy se encuentre en ese mundo que no entiende y que le es tan desconocido como a nosotros un marciano. Lo que pasa es que un tipo sacado del desierto con sombrero, látigo y botas de montaña no encaja demasiado bien en una trama más digna de Expediente X. Así, la explosiva mezcla de géneros, con la civilización maya, la guerra fría, los espías rusos y el alienígena que cayó en Roswel en 1947 ha sido bastante…extraña, por no decir incoherente. La Calavera de Cristal del título, lejos de ser una reliquia ancestral como el Arca de la Alianza o el Santo Grial, se revela como una llave entre civilizaciones que vienen del espacio, y que esperan el momento para volver a su, er, planeta. Resulta que mi género favorito es la ciencia-ficción, y aunque algo perplejo y sorprendido por el cambio de rumbo que tomaba la historia, no he salido del cine del todo defraudado. Pero entiendo que haya gente que, buscando ese “toque” que tenían las películas antiguas, haya salido decepcionada del cine al no encontrarlo. Aún así, mantengo mi opinión de que es una digna sucesora de las películas anteriores, y que aunque no esté al nivel, es muy entretenida, y está rodada con una maestría que pasma y asombra desde el primer fotograma. Fotogramas magníficamente acompañados, por supuesto, de la maravillosa música de John Williams. Emociona escuchar las notas que hacen referencia al arca perdida, al padre de Indy o a Marcus, con trozos de las bandas sonoras anteriores, pero que se complementan perfectamente con la nueva partitura, tan enérgica y vibrante como las anteriores. 

La verdad es que llevar esa máscara era una responsabilidad. La gente se asustaba a mi paso, otros aplaudian mi aspecto...y yo, como no, se lo agradecia haciendo gestos, amenazando con el machete y por supuesto, haciendo posturitas.

